2012-12-26

Hablar contigo, pero contigo.



Después de más de una hora al teléfono, se sentía desinflada tras colgar. Vacía. No estaba segura de si había dicho demasiado, o demasiado poco, la cantidad de detalles omitidos bien podría abarcar otro par de horas con la oreja puesta en el teléfono. Pero no era eso.
Se había vaciado, a sabiendas de que le hacía falta hacerlo, el problema era que ahora se había quedado así, vacía.

Esto del teléfono, de las largas charlas, de que lo sepas todo y volver a saber qué es de tu vida... está muy bien. Pero a mi me gustaría hablar de todo esto contigo, no a través de un aparato. A mi me gustaría que las lágrimas me las secases tú, me contagiases con tu sonrisa, y sobretodo... me gustaría un abrazo al final, un abrazo muy fuerte, de oso, de esos que tú me sabes dar, y que me dijeses que todo va a estar bien.
A mi me gusta hablar contigo, pero contigo. ¿Cuándo nos hacemos una visita?

Las palabras se quedaron como grabadas en la pantalla, incluso cuando ya había pulsado el botón de enviar y habían desaparecido.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Ahora se sentía un poco menos vacía.

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